Convento Santuario di San Pio da Pietrelcina, 22 febrero 2026, cattedra di s. Pietro

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ADVIENTO 2010

"...el tiempo de la espera"

La experiencia que une a cada hombre es el sentido de la espera.
Cada día se espera a alguien, algo. El ingrediente típico que sazona nuestro vivir, que da sabor a las miles de facetas de la vida es la espera. A veces tiene un sentido positivo, a veces negativo, pero siempre es espera. Los rostros límpidos y alegres de los niños esperan ávidos y al mismo tiempo generosos el cariño de sus padres, en las pequeñas cosas que se traducen en atención, mimos, infinito amor de donación. Los ojos pensativos de los padres esperan la realización de sus pequeños; los rostros de los mayores marcados por el tiempo esperan eventos nuevos que dan significado a la estación más delicada de su existencia. Los jóvenes desean el perpetuarse de un tiempo quizás despreocupado, pero lo mismo esperan. Con esta simple perspectiva propuesta, bien se armoniza una breve reflexión sobre el Adviento, que es, precisamente, tiempo de la espera.
Empieza de nuevo el peregrinaje de nuestro ser hacia el Misterio de Cristo, un caminar siempre nuevo que promete horizontes nuevos, un tiempo lleno de esperas y de esperanzas, exactamente como es el vivir cotidiano. Por otra parte, como todo esfuerzo físico, el paso genera cansancio que cristaliza las energías de la vida y el camino se vuelve pesado y parece casi que las muchas expectativas no lleguen a nada. El Adviento nos indica el camino, nos despierta de la somnolencia de nuestras costumbres rígidas, nos invita a emprender con impulso la marcha hacia el Señor que viene. Sólo en Él, podremos encontrar amparo, esperanza y la respuesta a los "porqués". ¡Abramos, entonces, el corazón a la luz del Señor y sólo cuando meceremos al Divino Niño en nuestro "yo", festejaremos de verdad la Navidad!


Non posso, poi, affatto credere e quindi dispensarti da meditare solo perché a te sembra di non ricavarne nulla. Il sacro dono dell'orazione, mia buona figliola, sta posta nella mano destra del Salvatore, ed a misura che tu sarai vuota di te stessa, cioè dell'amore del corpo e della tua propria volontà, e che ti andrai ben radicando nella santa umiltà, il Signore lo andrà comunicando al tuo cuore (FdL, 66 ).

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